La Meditación y su Práctica

 

          

La meditación es mucho más que una simple técnica de relajación, sirve para aclarar la mente y mantenerse alerta. Nos volvemos más sensibles hacia nuestros propios sentimientos y los detalles del mundo que nos rodea. A esta capacidad mental la llamamos consciencia. Es lo que distingue a una persona que medita de otra que simplemente está relajada.

 

 

La meditación es un estado mental tranquilo y alerta; el cuerpo está relajado y la mente concentrada. Los pensamientos quedan a un lado y nos sentimos en armonía con las sensaciones del momento.

 

 

La relajación, en cambio, se da cuando la mente va de un lado a otro, entre el sueño, la fantasía y el pensamiento. Podemos estar medio despiertos y no saber lo que estamos pensando. Es un estado agradable, pero fuera de control.

 

 

Si meditamos unos minutos cada día, los resultados pueden ser profundos y tener larga duración. A medida que nos sentimos más relajados y conscientes, cada aspecto de nuestra vida se puede beneficiar. He escuchado en muchas ocasiones que hacen falta 21 días de práctica, en cualquier disciplina, para que se convierta en un hábito. Pruébalo y verás que es cierto.

 

 

En su libro “Aprenda a Meditar”, Eric Harrison dice:  

 

“Cuando empecé a aprender meditación, muchas veces tenía dificultades para comprender las explicaciones que recibía. A mis profesores les preguntaba “¿Cómo funciona la meditación? ¿Qué sucede física y mentalmente? ¿Cuáles son las mejores técnicas?”. La respuesta habitual era “Hazlo y lo averiguarás”.

 

 

Cuenta Sogyal Rimpoché que cuando Buda alcanzó la Iluminación, lo que vio “fue que la ignorancia de nuestra verdadera naturaleza es la raíz de todos los tormentos del samsara, y que la raíz de la propia ignorancia es la tendencia habitual de nuestra mente a la distracción”. Así, poner fin a esta distracción equivaldría a poner fin al mismo samsara. ¿Cómo? Llevando “la mente a casa… mediante la práctica de la meditación”.

 

 

“Buda se sentó en el suelo con serena y humilde dignidad, con el cielo sobre él y a su alrededor, como para demostrarnos que en la meditación se sienta uno con una actitud mental abierta y comparable al cielo, pero al mismo tiempo permanece presente, apoyado en la Tierra, sobre una base firme”.

 

 

Buda no fue un ser divino, un dios; fue un ser humano como tú y como yo, pero con una “una inmensa resolución”, con una gran “paciencia, disciplina e impecable concentración”.

 

 

Continua Sogyal Rimpoché: “Aprender a meditar es el mayor regalo que puede usted hacerse en esta vida, ya que es sólo por medio de la meditación como puede emprender el viaje para descubrir su auténtica naturaleza y encontrar así la estabilidad y la confianza que necesitará para vivir, y morir, bien. La meditación es el camino a la Iluminación”.

 

 

Nuestra mente es una magnífica herramienta, de hecho, pienso que es la mejor máquina que ha podido ser creada. Sin embargo, tiene una mala costumbre, como es el “no callar nunca”, siempre está en marcha, no existe un interruptor off que nos permita desconectarla. Al mismo tiempo, como si tuviera vida propia al margen de nosotros, continuamente nos machaca con pensamientos que nos causan dolor, a modo de emociones como la rabia, el rencor, la culpabilidad, la falta de autoestima, etc.

 

 

Sin embargo, es ¡¡nuestra propia mente!! ¿por qué entonces nos molesta tanto? ¿Por qué parece jugar al despiste y la distracción?

 

 

Sencillamente por su mencionada “tendencia habitual a la distracción”. De este modo, podemos ver que meditar bien podría tener unas características claras:

 

  • Relajarse.
  • Elegir algo para concentrarse y explorar.
  • Si la mente se distrae, traerla nuevamente a la concentración.
  • Dejar de lado todo lo demás.

 

 

En realidad ¡¡¡no hay más!!!. Aunque nuestro verdadero objetivo debería ser alcanzar la Iluminación, con la práctica diaria de la meditación podemos aprender a relajar nuestro cuerpo y nuestra mente, y comenzar un camino de conocimiento de nuestra propia realidad, de nuestra esencia espiritual. Depende de cada persona y su esfuerzo alcanzar unos resultados u otros, pero puedo aseguraros que es enormemente satisfactorio dedicarse, al menos quince o veinte minutos cada día, a uno mismo, a estar con nosotros mismos.

 

 

 

Con mi Maestro, Víctor M. Fernández Casanova

Lápida conmemorativa en la tumba de Mikao Usui

Curso de Reiki 1 (Shoden) a personal sanitario. Junto mi Maestra Diana Llapart, presidente de la AMTH.

Sogyal Rimpoché

Curso de Maestría en CA LA TONA (Vic)